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El acné juvenil no entiende de tratamientos

Por mucho que a ellos les avergüence, el acné se trata de un simple proceso hormonal. «Un aumento de la producción de sebo, la sustancia que lubrica nuestra piel, que ocasiona una obstrucción folicular, un taponamiento del conducto a través del cual nace el vello», explica la doctora Adela Berganza, dermatóloga jefe del centro que lleva su apellido. «Un aumento de ciertas bacterias de la dermis provoca reacciones inflamatorias, que los especialistas denominamos comedones, todo bajo una gran influencia hormonal».

Hay preadolescentes que entienden lo que ocurre bajo su piel, y le dan la importancia justa. Pero el estrago emocional que causa en la mayoría (el acné afecta al 80-85% de la población a esta edad) es bastante acusado. En la actualidad, la dermatología consigue curarlo, fundamentalmente a través de medicamentos basados en el peróxido de benzoilo. Pero por mucho que avance la medicina, siempre habrá creencias con escaso fundamento, a las que debemos enseñarles a no prestar interés.

Los mitos no tienen tratamiento

En Internet hay “leyendas urbanas” a cientos:

  • Hay alimentos que provocan acné. Algo casi siempre falso. Los dermatólogos raramente relacionan la comida con la aparición de lesiones epidérmicas. La prueba es que quien come de todo no tiene necesariamente la piel más grasienta. Además, evitando los alimentos falsamente “acusados” (chocolate, fritos, etcétera) no se elimina el acné.
  • Existe una forma segura de reventar los granos. La doctora Berganza se muestra firme: «¡Las manos fuera!. Estrujar un simple granito hace que aflore más suciedad alrededor de la que había mientras se formaba, lo cual incrementa el riesgo de marcas posteriores».
  • El sexo es culpable del acné. La masturbación, o la abstinencia, no tiene efecto alguno sobre los granos.
  • Una piel limpia no sufre acné. La bacteria que puede crear el verdadero grano se encuentra bajo la piel. Restregando con fuerza no se evita la obturación del poro, pues no es suciedad, sino grasa y células de piel muertas. Se puede eso sí desatascar, lavándolo con agua y jabón y usando una medicación que lo mantenga abierto.

Ayudar o, al menos, no molestar

Desde que hace su aparición, el acné se convierte en tema constante de conversación con nuestros hijos. «Hay ciertos comportamientos que consiguen que los chicos se sientan mejor con sus problemas de piel; y lo que es tan importante o más, otros que es mejor dejar a un lado», apunta el psicólogo Salvador Idiazábal. «No debe trivializarse su preocupación con expresiones como “no es tan malo”, “ya pasará”, “a tus amigos les salió antes o lo llevan peor que tu”. A esta edad buscan una imagen propia. Les preocupa su problema y lo mejor es ayudarles visitando al dermatólogo. Pero además es importante convencerle de que no ha hecho nada que cause su acné. No se trata de una enfermedad, sino de un cambio fisiológico en la piel, similar a los otros que tienen lugar en su cuerpo a medida que madura».

A menudo, los padres caemos en el error de presionarles negativamente («¿Por qué no te tomas tus medicina?» o «Me gasto un dineral en ese tratamiento y ni la aprecias». En su lugar, debemos intentar animarle: «Se nota un gran cambio desde que usas tal producto» o «Nos encanta que te lo tomes tan en serio: no se te olvida ni un solo día ponerte la crema».

Publicado en Salud.

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