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Algunas claves para hacer frente a los enfados de los niños

El enfado es una emoción básica que sentimos todos. Sin embargo, cuando se pierde el control –y en el caso de los niños, el control de las emociones es otra habilidad que a menudo no manejan con soltura–, el enojo se vuelve destructivo. Como padres, podemos ayudar a los más pequeños a gestionar esta emoción. Veamos algunos trucos para hacerles entender sus reacciones, o para anticiparnos y evitar el conflicto.

En ocasiones anteriores ya hemos hablado en este blog de la importancia de enseñar a los hijos a desarrollar su inteligencia emocional; de hecho, ayudarles a conocer cada emoción, y saber manejarlas, para hacer un buen uso de ellas, es una de las mejores herencias que podemos dejarles en el futuro.
Y es que el enfado puede suponer para los niños problemas con la familia y los compañeros, y puede repercutir en el rendimiento escolar. Porque, al igual que otras emociones, el enfado puede deberse tanto a hechos internos como externos. Un niño, por ejemplo, puede enojarse porque siente que sus notas no son buenas (de origen interno), o bien porque su hermano le ha empujado (de origen externo).

Entrar en razón

Al educar nos damos cuenta de lo difícil que es a veces hacer entrar en razón a los más pequeños cuando tienen un berrinche o una pataleta, o cuando queremos que hagan algo que sabemos, de antemano, que no les va a gustar y va a provocar su enojo.
Aquí van algunos trucos para hacerles entender sus emociones o para anticiparnos y evitar el conflicto frontal, aunque en ocasiones resulte inevitable.
  1. Dormir bien es sinónimo de buen humor. El sueño es muy importante para su bienestar y felicidad. Cuando los adultos estamos cansados, solemos estar de mal humor y con poca energía, pero los niños se pueden convertir en hiperactivos o irritables, o tener conductas extremas.
    Las necesidades de sueño de la mayoría de los niños están dentro de un rango predecible de horas que depende de su edad, pero cada niño es un individuo único con necesidades de sueño específicas.
  2. Las emociones, por su nombre. Es fundamental que los niños adquieran el hábito de decir lo que están sintiendo y por qué. Usar palabras no impedirá que un niño haga una tarea, pero hablar sobre eso puede calmar la situación. Estarán teniendo una conversación en lugar de una discusión.
  3. Ejercicio físico. Los juegos activos realmente pueden ayudar a los niños con un temperamento fuerte. El karate, la lucha libre y las carreras pueden ser actividades especialmente buenas para los niños que están intentando controlar su temperamento. Sin embargo, cualquier actividad aeróbica puede ayudarlos a consumir energía y a disminuir el estrés.
  4. Refuerzo positivo. Muchas veces no se refuerza lo suficiente los logros de los niños, sobre todo, hay que elogiarles cuando logran manejar situaciones con actitud positiva y control de emociones.
  5. Flexibilidad a la hora de educar. Educar a un hijo es una experiencia agotadora, pero hay que intentar no ser demasiado rígido. Escuchar “no” constantemente puede ser desalentador para los niños. Por supuesto, a veces “no” es absolutamente la única respuesta: “no, no puedes andar en bicicleta sin tu casco!”. Pero en otras ocasiones, es positivo dejar a sus hijos ganar alguna vez.
  6. Anticiparse a las situaciones. Si conoces las situaciones de riesgo en las que de antemano nos tememos un conflicto, como por ejemplo apagar la televisión, o un videojuego, hay que ser claro acerca de cuánto tiempo pueden hacer esa actividad. Empezar a dar avisos cinco minutos antes ayuda, y por supuesto, cumplir lo acordado a pesar de las protestas.
La mayoría de los niños puede aprender a mejorar el control de su enfado y frustración. Sin embargo existen casos que requieren ayuda por parte de los profesores, psicólogos o cualquier profesional que tenga experiencia en este tema.

El papel de madres y padres

Madres y padres pueden estimular la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enojo de las siguientes maneras:

  • Mostrándoles cómo funciona la empatía . Por ejemplo, le puedes preguntar a tu hijo: “¿Cómo piensas que se puede sentir María cuando le gritas y le quitas su juguete?” o “¿Cómo te sentirías tú si Pablo te hiciera lo mismo?”.
  • Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento. Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o agarrar a otro para expresar lo que siente.
    Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que tu hijo mantiene la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítale. En cambio, si notas que no controla bien el enfado, acércate para ayudarle a resolver el problema. Pregúntale, por ejemplo, qué podría hacer la próxima vez que le suceda algo que suscite su enfado. Ayúdale a encontrar opciones como “avisar a un adulto” o “dar la espalda”, y luego aliéntale a que la próxima vez reaccione eligiendo una de estas formas socialmente aceptadas.
  • Ayudándoles a desarrollar hábitos de control efectivo del estrés para evitar exabruptos de ira. Pídeles que piensen y participen regularmente en actividades positivas, como hacer ejercicio, leer, escuchar música, etc., que los mantengan alejados de aquello que los irrita.
  • Aconsejándoles a hacer inspiraciones profundas antes de reaccionar agresivamente cuando están enfadados.

Puedes leer más sobre el tema pinchando aquí y/o aquí.
Publicado en Conducta infantil.

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