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Un perro no es un juguete, sino un ser vivo

Cuando nos encontramos con noticias sobre perros que han agredido a niños nos causan indignación. Y nos preguntamos cómo puede pasar. Pero lo cierto es que, por regla general, no sabemos lo suficiente sobre nuestros amigos de cuatro patas. Nos encanta ver imágenes tan tiernas como la de un niño abrazado a su mascota o a ésta vigilando el sueño de un bebé en la cuna. Pero precisamente los más pequeños de la casa son los más afectados por las agresiones de los perros, pues alrededor de un tercio de las víctimas de estas mascotas caseras son niños. ¿Por qué se producen estos ataques? ¿Qué situaciones son especialmente peligrosas? ¿Qué puede hacerse para evitarlas o prevenirlas?

Antes de decidirse a meter un perro en casa hay que ser consciente de la responsabilidad que esto implica, y hacérselo comprender –en la medida de sus posibilidades– a todos los miembros de la familia. No podemos olvidar que, a pesar de ser el perro el animal doméstico más antiguo y el amigo más fiel del hombre, sigue conservando algunos de los instintos de su antepasado, el lobo.

Así, en la gran mayoría de los casos de agresión, los responsables no son de razas catalogadas como peligrosas –bullterrier, rottweiler o doberman–, sino de todo tipo: pastores, caniches, cockers y cruces. Pero es que, además, no suelen tratarse de perros desconocidos, sino propios, de amigos o vecinos. Perros normales, de razas muy extendidas y con las cuales casi todo el mundo ha tenido buenas experiencias.

No es un juguete, sino un ser vivo
Como todos los animales necesitan sitio para moverse y un cierto grado de atención y cariño. La frustración que le puede producir la falta de espacio y de cariño en ocasiones hace que se vuelvan agresivos. No es casualidad que los perros que habitualmente estás encerrados sean especialmente peligrosos. A las mascotas también hay que educarlas. Deben obedecer determinadas órdenes y aprender a controlar sus impulsos naturales.

Por eso, si ya hay un niño o niños en la familia, a la hora de decidir meter un perro en casa deben tenerse en cuenta una serie de detalles. Primero, debería ser un cachorro entre dos y cuatro meses, y mejor una hembra que un macho. Si va a vivir en un piso, conviene elegir un perro pequeño y más bien tranquilo. En cuanto a la raza, los únicos que tienen un carácter peligroso por naturaleza, son los pitbull-terrier y los bandog.

Lo que no les gusta a los perros
Ver a un niño y un perro jugando juntos es una imagen muy entrañable, pero no se les debería dejar solos, sin vigilancia. Ambos tienen que aprender aún a tratarse. Los cachorros, por ejemplo, no suelen tener tanta paciencia como un perro adulto, que ya tiene “experiencia” con niños.

Y hay que advertir a los niños hay ciertos límites que no deben sobrepasar. Si se pasan el día tirando al cachorito de la cola, haciéndolo correr o jugar cuando ya no le apetece; si están todo el día encima de él puede generarle un cierto rechazo.

Aprender a respetar al animal
Es preciso tener en cuenta algunas normas de sentido común:

  • Nunca se le debe molestar cuando come o impedirle que vaya a comer. Si se le cae algo del cacharro, no volver a meterlo dentro mientras come o ayudarle a enterrar un hueso. El perro podría interpretarlo mal y pensar que se lo queremos quitar y consecuentemente defender lo que es suyo.
  • Si el perro se retira, hay que dejarlo en paz. Debemos respetar su sitio en casa, su cesto o su manta, y no sobresaltarle cuando duerme.
  • Los niños a menudo se ponen muy pesados acariciándolo. Cuando nos acercamos a un perro, siempre debe ser de frente y despacio. Les molesta que les toquen el hocico, que les tiren de las orejas y peor aún que les soplen dentro de las orejas. Al tener los perros el olfato y el oído mucho más finos que los hombres, estas partes del cuerpo son supersensibles. Delicado es también la cola, así que debe evitarse el tirar de ella o el pisarla.
  • Cuando jugando o corriendo el perro se tumba boca arriba, hay que dejarlo en paz. Esta postura indica que se rinde. Entonces no se debe insistir o acosarle; a lo sumo se le puede acariciar.
  • Los niños no deben ni gritar ni pegar al perro, algo que éste sólo le va a permitir al que considera su amo (se trate de la madre o del padre).
  • Nunca deben acercarse demasiado a una perra que tiene cachorros. Podría tener miedo a que se los quitásemos.
  • Si es evidente que al perro le duele algo, no deberían tocarle. Una vez más, se lo permitirá solamente a su amo.

Y un último consejo: un niño nunca debería pasear solo al perro. Aunque sea cerca de casa o parezca que éste le obedece con frecuencia. Puede producirse algún incidente, como una pelea entre dos o más animales, que escape del control de un niño.

Publicado en Conducta infantil, Salud.

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