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La comunicación con los hijos precisa empatía

Definida de una manera sencilla, la empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de la persona que nos habla; que note que nos estamos “metiendo en su piel” y que comprendemos cómo se siente. En la comunicación entre madres y padres con sus hijos, es necesario que decidamos salir por un rato de nuestro mundo, de nuestras preocupaciones; detenernos y ponernos en actitud de escuchar. Y tener en cuenta que los problemas del niño son tan grandes y tan importantes como los nuestros (acordémonos de cuando éramos pequeños y nos pasaban cosas así a nosotros) y que merecen toda nuestra atención y consideración.

Eso no significa que tengamos que contagiarnos de su estado de ánimo y ponernos tristes o rabiosos como ellos; nuestro estado de ánimo permanece inalterable y no nos dejamos afectar. Imaginemos uno de los ejemplos más frecuentes que surgen en el día a día de una/un niña/o:

Sale del colegio llorando o enfadado porque una/un compañera/o la/e ha molestado: la/e ha pegado, linsultado, roto algo, no la/e ha dejado jugar, se ha reído de ella/él, etcétera. Tras preguntarle qué le pasa la respuesta del/la progenitor/a acostumbra a ser así:

  • «No hay que llorar por una tontería como ésa».
  • «Habrá sido sin querer, no pasa nada».
  • «No te enfades y no le hagas caso; ya verás como no te lo hace más…»

En realidad, lo que le estamos transmitiendo al peque en esas respuestas es «mira, no tienes razones para ponerte así. De modo que déjate de tonterías». Y muy probablemente estaremos pensando «yo sí tengo problemas de verdad para que me vengas con éstas».

¿Cómo les hacemos sentir?

Pero, ¿cómo se siente la/el niña/o? «Mi madre/padre no entiende lo mal que me siento», «no tiene ganas de que lo moleste con mis cosas», «siempre cree que lo que me pasa a mí son tonterías»… En definitiva, se siente incomprendido, juzgado o con soluciones que sabe que le van a resultar inútiles.

Por supuesto, si esta situación se repite con frecuencia, la niña o el niño dejarán de explicar lo que le pasa, porque en resumidas cuentas, saben que no pueden contar con su madre o su padre; es más, el hecho de contarlo les supone una complicación más.

Con la empatía lo que resulta evidente es que el filtro por el que nosotros tamizamos la información es diferente al de la otra persona, ya que depende de las experiencias y aprendizajes de cada uno –y en el caso de los hijos de la edad, sobre todo con los más pequeños– ¿Cómo sería entonces una respuesta empática?

¿Quieres contarme qué ha pasado?

Para empezar, es necesario que decidamos salir por un rato de nuestro mundo, de nuestras preocupaciones, detenernos y ponernos en actitud de escuchar; tener en cuenta que los problemas del niño son tan grandes y tan importantes como los nuestros (y si no acordémonos de cuando éramos pequeños y nos pasaban cosas así a nosotros) y que merecen toda nuestra atención y consideración.

Una manera de empezar la conversación podría ser: «Ya veo que estás muy enfadada/o por lo que te ha hecho esta/e niña/o. Quieres contarme cómo ha pasado?». Si en ese momento el pequeño no tiene ganas de hablar más hay que dejarlo estar. Ya le hemos dejado claro que estamos disponibles. Recordemos que nosotros no nos dejamos contagiar por su estado de ánimo y, por tanto, nosotros le contagiamos calma a él; ése es el primer paso.

Si decide seguir con la conversación, lo que hemos de hacer es ir repitiéndole lo que él dice con otras palabras, empezar las frases con “ya te entiendo lo que quieres decir”, hacerle de espejo de lo que va expresando. Sin juzgar, sin querer dar soluciones rápidas. Sólo escuchar y reflejar.

Empatía para afianzar lazos

Actuando así, la niña o el niño se verán animados a seguir hablando y ellos mismo irán viendo la situación que les ha angustiado desde otro punto de vista y encontrando la solución que necesiten.

De esta manera, no sólo ayudamos al niño a enfrentar un conflicto, sino que le estamos transmitiendo que puede contar y confiar en nosotros y eso es primordial para que el niño crezca sintiéndose seguro.

Publicado en Conducta infantil.

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