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A vueltas con la inteligencia emocional

Todos hemos oído hablar de la inteligencia emocional, y aunque no son necesarias grandes dosis de sentido común para comprender el verdadero significado de esta expresión, tan en boga en los últimos tiempos, cabe preguntarse ¿qué podemos hacer como padres para ayudar a nuestra hija o hijo a ser emocionalmente más madura/o? Enseñarles a conocer cada emoción, y saber manejarlas, hacer un buen uso de ellas, es una de las mejores herencias que podemos dejarles en el futuro.

Que levante la mano aquella madre o aquel padre que no haya imaginado, de forma consciente o no, cómo serán sus hijos de mayores; cómo les gustaría que fuesen. Este tipo de cuestiones pesan sobre nuestros actos y se convierten en guías de nuestras decisiones y actuaciones respecto a los niños. Por supuesto que la intención de cualquier madre o padre es educarlos lo mejor posible, pero en ocasiones, las dudas, la escasez de estrategias o la falta tiempo pone a prueba a los progenitores con mejores intenciones.

Y es que la infancia es precisamente una época clave para desarrollar sus capacidades personales y sociales; y de todas ellas, si cabe, habría que destacar la habilidad para gestionar sus emociones, pues no faltan estudios de todo tipo que dejan patente la estrecha relación que existe entre tener éxito en la vida y una buena inteligencia emocional. Por fortuna, y a diferencia de otras capacidades humanas, se trata de una habilidad que se puede aprender y por lo tanto perfeccionar.

Ayudarles a ser emocionalmente maduros

Lo primero sería tratar de hacer nosotros, como padres, lo correcto en el terreno de las emociones. Porque los niños aprenden imitando, y los padres son las figuras de referencia, al tratarse de sus seres más queridos, pero también más cercanos. Así que conviene revisar cómo gestiona uno sus emociones: qué hacemos cuando notamos que perdemos la paciencia, cómo nos relacionamos con los demás, de qué forma reaccionamos ante una frustración… Teniendo en cuenta que nuestro ejemplo va a tener mayor relevancia en la educación de nuestros hijos, aunque no nos demos cuenta, que los consejos que les proporcionemos.

Pautas para ayudarles

  • Enseñarles a conocer cada emoción, y saber nombrarlas; ojo, tanto las propias como las ajenas. Para ello, es importante favorecer la comunicación: aprender a expresarse y a escuchar.
  • Es conveniente aceptar y estar abierto a los diferentes tipos de sentimientos. No existen sentimientos “buenos” o “malos”, lo importante es qué se hace con ellos y si se es capaz de regularlos y gestionarlos. Por ejemplo, las rabietas infantiles darán paso a formas más aceptables de expresar un enfado.
  • Ayudar a los pequeños a desarrollar la empatía. Se pueden utilizar cuentos, experiencias propias, el juego simbólico…
  • Hacer que se sientan seguros, marcando unos límites claros y adecuados para cada edad, al tiempo que les ofrecemos atención y cariño.
  • Evitar la sobreprotección. Los niños deben ir aprendiendo a tolerar la frustración. Dependiendo del momento evolutivo en el que se encuentran nuestro hijo hemos de saber ir dándole responsabilidad y autonomía.
  • Potenciar la autoestima del niño, dedicándole diariamente un rato para jugar juntos y fomentar al mismo tiempo la comunicación y la complicidad.

En todo este aprendizaje, el colegio juega un papel fundamental por es el segundo entorno sociabilizador de nuestros hijos, y porque hay otros adultos de referencia que les sirven de modelo.  Por lo que es importante que padres y colegio compartan valores y objetivos para mantener una coherencia educativa.

Publicado en Conducta infantil.

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