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Peluches: el juguete favorito de los más pequeños

Por su capacidad para soportar desde el más cálido abrazo hasta la paliza más brutal, los peluches son, sin duda, los juguetes favoritos de nuestros hijos.  Ana está a punto de cumplir los cuatro años, y sus padres saben que sin su peluche rosa es incapaz de dormir. Cuando era todavía un bebé, Cristina descubrió cómo aliviar sus penas; desde entonces, si está triste se agarra fuertemente a ‘Cuellito’, su jirafa en busca de consuelo. Para superar las situaciones desagradables, Susana sienta a su perrito de peluche en sus rodillas y le abraza con pasión. Enseguida se siente muchísimo mejor. Además, se deja bañar, vestir, peinar y alimentar, ¡sin inmutarse!

Jorge está furioso con sus padres y necesita desahogarse: unos cuantos golpes a ‘Osezno’, un buen tirón de orejas, algún que otro mordisco en la nariz… y ya está listo para pasar el fin de semana con los abuelos. Eso sí, en su equipaje lleva lo imprescindible: su taza favorita y el oso de peluche. Juntos comparten los juegos, las risas, el sueño y alguna que otra lágrima. Su cuerpo rechoncho, su carita simpática y bonachona, su pelo suave y su dulce mirada han hecho del osito de peluche un compañero ideal de varias generaciones desde su más tierna infancia. Los niños disfrutan de la compañía de este adorable muñeco, siempre dispuesto al achuchón y a las caricias. Durante el día, le bañan, le visten, parlotean con él, le sacan de paseo y le sientan a la mesa como a uno más. Y de noche –no podía ser menos–, el osito ocupa un lugar preferente en su cama.

El peluche es también el encargado de aguantar estoicamente los espontáneos arrebatos de cólera, tan frecuentes a esta edad. Y esto supone ser vapuleado, pisoteado y arañado, hasta que el pequeño se cansa y recobra finalmente la calma. Pero, por encima de todo, los ositos cumplen una importante función: la de proporcionar el consuelo necesario en los momentos difíciles. El primer día de colegio o la visita al dentista son malos tragos que un niño puede sobrellevar mejor con un muñeco de peluche en el regazo.

Dolorosa despedida

En ocasiones, el amigo inseparable se convierte en un inesperado sustituto de los padres. Cuando un niño se despierta en mitad de la noche y añora la presencia de un ser querido, se abraza fuertemente a su osito, feliz de encontrar una cara familiar que le ayuda a olvidar la soledad y la tristeza. Esto explica por qué los niños se sienten tan unidos a sus peluches y por qué resulta tan difícil –si no imposible– hacerles renunciar a su viejo y descolorido osito, recibiendo a cambio uno nuevo y reluciente. Arrojarlo al cubo de la basura o hacerlo desaparecer sin el consentimiento de su pequeño propietario puede dar lugar a un disgusto más que considerable.

Un cariño que perdura

Pero no todos los niños eligen un osito por compañero. Algunos prefieren un muñeco de trapo y otros pueden sentir especial predilección por una manta, una sábana, un cojín o un simple trozo de tela. Y no hay argumentos válidos para explicar la razón de tales preferencias. Lo único cierto es que cuando un niño se decide por un determinado objeto, le guardará lealtad durante mucho tiempo, generalmente hasta que alcance la edad escolar y, a veces, incluso muchos años después.

De hecho, sabemos que hay adultos que conservan su peluche durante lustros, pues lo consideran como una especie de amuleto, un tesoro muy preciado que les trae a la memoria gratos recuerdos de su infancia. No sin razón, el osito fue para ellos su amigo más fiel.

Publicado en Conducta infantil y etiquetado cariño, conducta, educacion, , , osito, , peluche, .

2 Comentarios

  1. Puedes hacerle saber a tu pequeno que esta bien que pierda su juguete preferido. Se comprensiva, porque tu hijo realmente se sentia mas seguro con su osito o su manta, entonces una perdida es un sufrimiento muy grande para el.

    • Muchas gracias por tu comentario:
      La comprensión es la base de la relación adulto-niño. Está bien que nos lo recuerdes.
      Un saludo.

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